Siempre se para persiguiendo. Tratando de darse alcance. Pero nunca lo logra. Es inútil. Llega cuando ya se ha ido. Es una sensación contraproducente. Rara. Sobrenatural. A veces entra en lugares familiares donde nunca antes ha estado. Reconoce sillas, cuadros, alfombras o personas que parecen amigas de toda la vida. Claro. No ocurre siempre. Es intempestivo. Como el satori de los budistas. Un golpe de luz, de verdad y clarividencia que te hace decir: "ya he estado aquí". Puede ser la banca de un parque, una ventana abierta, un sendero arbolado o hasta un beso ya besado. Sólo cuando lo vuelves a experimentar te das cuenta de que eso ya te ocurrió y que no eres más que la sombra remanente de lo que ya fuiste.
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